jueves, 29 de septiembre de 2011

Me hierve la sangre, toma primera.



Me hierve, sí. Estoy premenopáusica y eso debe ayudar, pero en los dos últimos meses parece como si los planetas se hubiesen alineado en mi contra (sería una explicación fabulosa si creyese en pamplinas).

Me considero una persona normal y bastante equilibrada -a ver, soy madre de dos adolescentes, he dicho "bastante equilibrada"- pago mis impuestos, no tengo deudas (ni hipoteca, oiga), el consumo de drogas legales se ha resumido al botellín de Mahou, porque ya ni tabaco, recojo las caquitas de mi perro y tengo una edad en la que ya debería estar de vuelta de muchas cosas. Pero aún así me sigue hirviendo la sangre con las injusticias y últimamente parece que se estan cebando conmigo.

Hacia finales de septiembre, principios de octubre, recibo una carta de Esperancita contándome lo maja y concienciada que está con las mujeres de la Comunidad de Madrid. Al tiempo que me citaba un día determinado para realizarme una mamografía en un autobús que, a instancia suya, se estaba paseando por ésta, nuestra comunidad, exprimiendo tetas a diestro y siniestro. -

Teniendo en cuenta que yo, debido a mis antecedentes familiares, debo hacerme (ojo DEBO, no DEBERÍA) mamografía y ecografía anuales, y que en la Seguridad Social no me las realizan, porque en su día me dijeron que como mucho cada dos años y dependiendo del ginecólogo, pues como que me sento un poco mal. Bueno, la verdad es que pillé tal cabreo que decidí buscar algún sitio donde contarlo, porque, a día de hoy no he oido nada sobre el asunto.

En su día me hice un seguro de salud privado, me realizan todas las pruebas oportunas. No acudo a la Seguridad Social, pero sin embargo aporto todos los meses para que otros lo utilicen. Es algo que tengo asumido porque vivo en un país desarrollado y yo soy una privilegiada porque puedo permitírmelo y otros - cada vez más, por desgracia- no.

Pero lo que me enerva es que me vendan la moto. Que nos tomen por imbéciles, que me citen en un autobús para que vaya un día (¿Y el resto de mi vida?) vestida con ropa "cómoda" que significa "vente con las ubres colgando que no estamos para perder el tiempo". Que ese autobús se tire varios días aparcado frente al polideportivo de mi pueblo y el personal con bata blanca esté en la acera fumando porque, me temo, pocas tías acudieron a las citas. Además ni siquiera la podías cancelar.

Y mientras recortando en sanidad, en educación, en el papel higiénico de los colegios públicos y en los pensionistas.

Muy bonito.