viernes, 16 de diciembre de 2011

Bancos, banqueros y bancarios


Mi padre, que era el único que leía el periódico, decía que esta sociedad estaba a falta de una guerra, que eso quitaba muchas tonterías.
Mi abuela, que no lo leía, no decía nada, le miraba por encima de las gafas y salía del salón rezongando entre dientes que qué sabrían ellos de guerras, de hambre y de calamidades, que una cosa eran películas y  novelas y otra haberlo sufrido.

Una guerra no. Pero un cambio masivo, a nivel planetario, de chip si que nos haría falta.

Hoy en día internet ha hecho que todo sea más accesible. Cualquier tipo de información se ha facilitado muchísimo y es muy cómodo acceder a tu banco desde casa, descargarte programas para realizar liquidaciones de impuestos, declararte a Hacienda ... Para eso y para reclamar. Porque tienes toda la información que necesitas para ir bien preparado y no meter la pata.

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Bueno, pues todavía hay gente que se asusta y antes de reclamar es capaz de tragar con la injusticia más grande jamás contada con tal de no acercarse a su sucursal bancaria y ponerle las peras al cuarto al director o a la mismísima madre que lo parió. Y ellos lo saben y se aprovechan,

Hace unos días, un amigo mío estaba que echaba espumarajos por la boca porque le habían metido mano en su cuenta para hacer "desaparecer" una transferencia y liarle una de no te menees.
Me ofrecí para acompañarle a la oficina, más que nada de apoyo emocional y porque yo también estoy metida en un follón bancario y el cuerpo me pide sangre.

Llegamos y pidió la hoja de reclamaciones a una señorita que estaba detrás del mostrador, empleada de toda la vida, según me dijo mi amigo, y que se conocían de varios años. Nada más entrar hizo un movimiento imposible de cejas (¡qué cejas! una mezcla de Gloria Swanson en "Sunset Boulevard" y el portavoz de FACUA). En ese instante sale como por arte de magia  un neonazi de un despacho y presentándose como el director nos larga una hoja de reclamaciones con el anagrama del banco.
Mi amigo le dice a la de las cejas que ese señor había tenido la desfachatez de colgarle el teléfono el día anterior cuando intentó arreglar el asunto como personas civilizadas y que no estaba dispuesto a dirigirle la palabra, y que la hoja ésa no era la oficial, que si era tan amable le facilitase la hoja de reclamaciones  de la Comunidad de Madrid.

El nazi asesino  empieza a levantar el tono diciéndo que esa hoja es oficial, que la otra no la tienen y que si quieren hablar con alguien es con él que para eso es el director.
Mi amigo, dirigiéndose a Morticia dice que o le da la hoja o llama a la policía. Morticia dice que haga lo que le salga de sus partes pudendas y se levanta y se va a mirar por los cajones.

Mi amigo llama a la policía, que se presenta a los diez minutos. Entonces empieza una escena que qué pena no haber tenido yo huevos para filmarla con el móvil y colgarla en youtube.
El nazi llamando por teléfono para que le trajeran hojas de reclamaciones, abriendo y cerrando el mismo armario y haciendo como que buscaba. Porque, claro, ahora con la poli delante sí que tenían hojas de reclamaciones, pero es que como él es nuevo no las encontraba.
Morticia Meagachoyenseñoelpotorro Pérez abriendo todos los cajones -los más bajos- apuntando el culo hacia los municipales.
Yo visualizando al neonazi vestido con el uniforme de las SS, ahogando recién nacidos en un cubo. Y mi amigo con una cara de pitorreo infinito, apoyado en la pared y a punto de soltar "Te gustaría pegarme, verdad mamonazo?" Y a todo esto, y no sabemos ni cómo ni cuando ni de dónde había salido, la señora de la limpieza pasando el mocho a diestro y siniestro con cara de estar pasándo uno de los mejores momentos de su vida.

Al final, y después de tres cuartos de hora, dijimos que ya estaba bien de tomadura de pelo. La policía sacó un cuaderno para abrir un expediente. Porque ES OBLIGATORIO facilitar una reclamación. Lo hicimos con la hoja interna del banco, para acto seguido mandar una queja a través de internet, de la que todavía no se ha obtenido respuesta.

Seguimos esperando como agua de mayo.