viernes, 8 de noviembre de 2013

Presentación "Yo nací en Yeserías" por José Manuel Ferradas



PRESENTACIÓN DE JOSÉ MANUEL FERRADAS:
Hola a todos
Cuando conocí a Ana, hace ya mucho tiempo, no era mi amiga. Era amiga de unos amigos míos. Pero esa es una historia que ya os contaré un día si es que se tercia. Luego el tiempo fue asentando las razones y hoy puedo decir que cuento con ella entre los que me han elegido para esa función con la complicidad de algunos elementos intervinientes. A saber: La troup que nos rodea, la zampa, la música, la Mahou y, por supuesto, Reciclaje. Y es que Reciclaje participa desde el inicio en lo que hoy nos vuelve a traer aquí.

Ana tiene un hablar peculiar, ya lo sabéis muchos de los presentes. A veces cuesta imaginar cómo cabe tanta energía en un cuerpo pequeño que, además, vende como frágil y enfermo. Tiene metido el trueno en la garganta, la revolución en el cerebro y el látigo en la lengua. En realidad Ana es el paradigma de la barbarie del tímido. Mucho que decir y miedo escénico. Dispares ingredientes que cocina en el acero de la palabra.
Siempre fue carne de juntaletras pero no lo sabía. No lo sabía y no lo supo hasta que, en uno de sus múltiples cabreos (porque Ana se cabrea con frecuencia) inició un blog en el que dedica sus elogios y parabienes a los bancos. El grado de afecto que les profesa va en consonancia con el nombre de tal blog: “Qué cabreo tengo”

Pues bien, una noche frente al portón de esta nuestra capilla sixtina serrana hablaba Ana con alguien que hoy no doy a recordar y remataba su speech con el retintín indudable que reposa tras un  “PERDONA BONITA PERO YO NACÍ EN YESERÍAS” Algo tan lapidario rebotó en mi cabeza y solo acerté a decir: “Buena entrada para un blog” Y se lió. Vamos la lié. Bueno que ella se lió y pasó de ser un post a unas notas. De las notas a una idea y, cuando se quiso dar cuenta, había cobrado vida propia y se le presentaban personajes, situaciones, historias, hijos, cuñados… y se le vistió de novela.

YO NACÍ EN YESERÍAS es una catarata de frescura. Es la naturalidad que vuelca en cada frase la pluma de una escritora virgen, novel. Es divertida, sincera, un puntito obscena y algo mas que fluida. En ocasiones se muda en fábula y envuelve la sonrisa con papel de amargura. Guarda el secreto de quien no debe pleitesía, de quien es dueño de su imaginación y sus mentiras. De la realidad inventada y la realidad oculta.  Multitud de personajes se aparecen, medran, viven, sufren, sueñan, se desvanecen, laten  y convergen en el final de una historia que no termina. Una historia permanente que, claramente, no se cierra en un volumen y promete secuelas.

Y me refiero a la pluma de una escritora virgen lo que no quiere decir virginal precisamente pues Ana puede pecar de tímida (encubierta, eso sí) pero nunca de mojigata, pacata, mentecata ni de cualquier otro “ata”. Su lenguaje directo evita el equívoco y, a veces, solo a veces, adquiere una rudeza casi brutal. … “Comenzaron a darle hostias hasta que cayó al suelo del patio…” porque fue así. Seguro que fue así. No le golpeaban, le hostiaban.
Os imagináis a Zorrila planteando la famosa escena del sofá con un tresillo de IKEA y a Doña Inés replicándole a Don Juan con un: “Venga tío déjate ya de mariconadas y al lío que luego viene la Brígida y nos jode la matraca” pues no, yo no me lo imagino. Igualmente resultaría algo peculiar escuchar a María la Puñales meditar en su nada dudoso ambiente carcelario: “Es cuando menos una paradoja contemplar el velado atardecer volando libre tras los muros que aprisionan mis sentimientos” pues yo tampoco lo veo. Cada cosa en su sitio y las palabras en cada boca. “Las guerras las hacen los hombres y nos joden a las mujeres” le dice Manolita a Paca en un determinado momento.
Y es que Ana ha cometido el imperdonable acierto de templar voces y figuras con su entorno.
Conoce el escenario y ha mamado de la fuente. Forma parte de su memoria. Ella es la memoria. La ficción camina siempre bordeando las lindes de la realidad. No es más que la proyección de nuestra vivencia amasada con el rodillo eterno del deseo y es, en ese preciso territorio, donde Ana platica con enorme soltura. Consigue que lo extraordinario se nos aparezca como algo próximo. Hace que un elenco absolutamente marginal se incorpore a nuestra conciencia como si siempre hubiera estado allí y, casi si te descuidas, podrías alargar la mano y rozar con la punta de los dedos algunos flecos de realidad que nos resultan conocidos.
Esta no es una historia de mujeres homicidas. Ni siquiera es una historia de mujeres. Es una historia de la historia vista desde una perspectiva muy original y novedosa. La crueldad, los prejuicios,  la pasión, la necesidad, los sueños, el amor, los miedos, los huecos, el futuro… todo gira en derredor de un epicentro carcelario y aparece ante nosotros impreso en una pantalla de papel listada.

YO NACI EN YESERIAS no pretende ser embajador de un nuevo culturalismo. Es una novela que nos abre las puertas de una época en la que nos bebimos con  Jimena todos los  Strawberry Fields del momento. Sin artimañas ni prestidigitaciones literarias nos cuenta la historia, las historias, y nos las cuenta como ella las vio, como ella las soñó  porque la credibilidad se consigue a través de lo veraz y Ana  escribe como habla, habla como siente y ella siente con una fiereza cariñosa.

Sin perseguir un Pulitzer, con su talento bailón, beatlemaníaco,  enemigo de lo usual, nos ofrece un tiempo lúdico, unos metros de jugoso tejido literario. Un divertimento que engancha desde el comienzo. Seda, franela y pana repartida con la generosidad de alguien para quien la música relajante produce estrés.
Además ha tenido el valor de editar ella la novela, con un par.

No os voy a recomendar la lectura de YO NACI EN YESERIAS ¡es obligatorio¡ Lo que si os voy a recomendar es que compréis el libro.

Vivimos en un mundo digitalizado. Sumido en la electrónica mas disparatada. Un mundo donde giramos enloquecidos rodeando los tiempos. Un mundo en el que hacemos de la picaresca pirata una guía perdonable. Un espacio donde casi no cabe la ortografía en aras de la comprensión zafia e inmediata. Pero aún queda un espacio en el que el silencio se hace magia en nuestra cabeza mientras damos forma a las imágenes que nos sugieren las palabras.
Porque un libro es eso. El peso en una mano, la luz que hace brillar las ideas negro sobre blanco y el olor a resma y tinta.

Que tengáis todos una feliz lectura.