lunes, 17 de febrero de 2014

Escribir como terapia



Indagando y leyendo por ahí me he encontrado con una frase que me ha dado qué pensar : "Comencé esta novela por indicación de mi psicóloga, que me instaba a escribir lo que me pasaba". Bueno, no son palabras textuales, pero la idea es ésa.

Cuando la vida se te pone perra y no ves manera de soportar lo que se te viene encima, tienes, DEBES, buscar un auxiliosocorro, que ayude, si no a salir, por lo menos a sobrellevar estas pruebasquenosmandaelseñor, porque es que si no, acabas corriendo calle arriba pegando chillidos y pateando gatos. Y está muy mal visto. Más si eres o/y vives en un pueblo : que todo se sabe y si no, se inventa.

Hay quien va de compras, se tiñe el pelo o le da por apuntarse a Pilates.
Pero lo más efectivo, dónde va a parar, es escribir.



Quien haya hecho terapia -que es algo en lo que tenía muy poca fe- sabe que los psicólogos son muy aficionados a dar lápiz y papel para que escribas "listas del uno al diez", "cosas que me gustaría y nunca me he atrevido a  hacer/decir" y "puntuaciones sobre lo más peregrino que uno pueda imaginar". Y el caso, que ahora que lo pienso, no deja de ser una manera de narrar, escribir, contar, inventar y vomitar todo la mierda que has acumulado durante años de soportar infidelidades, suspensos, suegras malvadas, cuñados cabrones, el deber sagrado hacia los padres y, como no, hacia los hijos. Esas cositas que tiene la vida...

Porque sí, hablar ayuda, pero el hecho de sentarte a escribir, es algo menos inmediato, que precisa tiempo para buscar las palabras adecuadas, sinónimos que no chirríen, sujeto y predicado, a ver cómo digo, explico, narro, que esta pena, penita, pena no me deja vivir, respirar, andar. Y que quien lo lea, sepa cómo me siento. Porque , quizás, tal vez, esa misma persona haya vivido o esté viviendo eso mismo que te atenaza el corazón. Y quizá, leer lo que has contado, saber que hay alguien sobre la faz de la tierra que siente lo mismo, le ayude.

O no.