domingo, 2 de marzo de 2014

Sospechosos habituales

Enredando, tecleando, metiéndome donde sí me importa, descubro que hay GRUPOS en Facebook. Y yo, que me tiro en plancha virtual a todo lo que suene a club de lectura, escritura, megustaque... pues allí que voy.

Y resulta que hay grupos que son cerrados (¿?) y resulta que tienen reglas (¿?) y resulta que cuando alguna insensata, como yo, rompe esas reglas, le regañan (¿?¿?¿?¿?¿?). Y una, como ya no está para que le toquen el órgano sexual, cibernéticamente hablando, se va.

Me explico.



Hace unos días, proclamaba a los cuatro vientos que unos amigos y ésta que suscribe, íbamos a leer textos inéditos, propios. Porque sí, porque nos apetece y porque el dueño de la sala de conciertos donde se realizó, tuvo a bien cedernos el espacio.

Y como somos narcisistas (sí, ¡qué pasa!) nos damos autobombo, autoplatillo y todo lo que haga falta para que nos vean, lean, escuchen y -al final-  aplaudan.

Pues bien. Se hacen unos cartelitos que, me temo, habéis visto hasta la saciedad. Y -lógicamente- los cuelgo a diestro y siniestro en mi blog, mi twitter, mi FB y en el FB de los grupos a los que pertenezco y en los que  -amablemente- he sido aceptada por las personas que los gestionan.

Pero hete aquí, que en uno de esos grupos (todos los demás son abiertos, menos éste, pero -la verdad- no sé cuál es la diferencia) me dicen que está prohibido colgar publicidad. Y yo, que, a pesar de tener más años que el presentador de "Saber y Ganar", soy más inocente que un parvulito, pregunto  : ¿invitar a escuchar una lectura, gratuita, es publicidad? Y remato con un #matamecamión que, me temo, fue el detonante de la ira de la DUEÑA de la página.

Pues que resulta que sí es publicidad. Pero de la peor, porque es encubierta, porque ahora no pedís nada, pero a saber qué tramáis en el futuro, porque nadie pierde una tarde de viernes en desplazarse a Guadarrama a leer un texto inédito y de tu cosecha, por el mero hecho de recibir una sonrisa, un aplauso y un me ha gustado lo que escribes. Que a saber qué fines ocultan esa "generosidad" porque nadie hace nada por nada. Y si lo hace algún fin oculto y sospechoso habrá. Y que no va a venir el último mono a decirme de qué color tengo que poner las cortinas de mi casa, que aquí hay unas reglas, que pongo yo, para que se cumplan y punto...
Sí, amiguitos, creo que si me pilla in person, me calza un par de hostias. Así que me piré no sin antes comentar, amablemente, que no, que no tenemos fines ocultos, que por no tener -como decía Sabina- no tenemos ni edad de merecer. Que, afortunadamente, los cinco (hay uno que no)  peinamos canas y tenemos la vida resuelta en otros rollos -menos divertidos-  me temo.

Es como cuando acabé mi novela y puse la descarga gratuita desde éste, mi blog, porque nadie me conoce y quería que me leyesen a toda costa. Alguien dijo : "¿Lo regalas? Pues será una mierda..."

Pues igual sí. Pero es mía.