lunes, 4 de junio de 2018

EL PODER SANADOR DEL AGUA SALADA



Al morir mi abuela mi madre entró en depresión. 
Jamás había desfallecido, siempre estaba de buen humor, sonriente y dispuesta a hacer cualquier favor a quien pasara por la puerta de mi casa. 
Todo el mundo la quería, incluso las dos cotillas del pueblo, que hablaban pestes de Críspula, pero que en lo referente a su hija nunca dijeron nada malo. 
Porque nadie podía murmurar de Angelita “La Rápida”, la mujer que andaba dando saltitos, sin pararse a hablar para que nadie le preguntase porqué tenía la cara marcada, los brazos con moratones de los dedos de su marido, las espinillas con mataduras de sus patadas… La mujer a la que jamás, nadie escuchó una mala palabra, la que se tiró todos los años del mundo recluida en la cárcel por un crimen que no había cometido, la que dejó un grato recuerdo en presas y carceleras, la que cosió con amor un vestido de seda rojo para que pudiese ejercer de puta su amiga María “La Puñales”,  la gitana asesina más famosa de los sesenta, la que mató con sus propias manos a tres payos para vengar el crimen de su amado, el padre del hijo que nunca llegó a nacer…

lunes, 7 de mayo de 2018

#CUÉNTALO


(Extracto de A TRAVÉS DEL UNIVERSO)

Supe que Elena había sufrido una violación algún tiempo después de conocerla.
Tuvimos muy buen rollo nada más vernos y nos hicimos muy amigas. Tras el estreno de la película de Frankie no había fin de semana que no aparecieran por mi bar. Atraían a mucha gente y yo estaba encantada.
Elena, aunque venía con muchos amigos, siempre estaba sola. Enseguida se hizo muy popular. Los que no la conocían por el libro, era por sus apariciones en televisión, o en debates de radio. Tenía fama de borde y a mí, eso, me molaba.
En realidad era muy tímida. Pero había confeccionado una coraza, para no parecerlo y para que nada, ni nadie la hiriese. Pero, claro, quien no conociera su historia pensaba que era una niñata consentida, que había tenido la suerte de cara y no sabía asumirla.
Hablábamos mucho. Ella se acodaba en la barra, con su tercio de cerveza en mano, y me contaba historias de la historia. Yo, que siempre he sido muy inculta, alucinaba de las cosas que sabía. Me quedaba embelesada, porque no es solo lo que contaba, sino la manera de hacerlo. Sin ser pedante, tenía una manera de relatar que envolvía, una dicción perfecta. No me extraña que los tíos se volviesen locos con ella.
Porque eso era otra. Estaba buena. Era simpática, generosa, culta, con pasta. ¡Y no tenía novio! No lo entendía.

viernes, 27 de abril de 2018

ANTRO DE MALA MUERTE





Mi abuela lo llamaba antro de mala muerte, bueno, la verdad es que para ella cualquier tugurio, bar o establecimiento con horario nocturno, poca luz y música –especialmente si era en vivo– era sinónimo de vicio y perdición.

Pero lo gracioso de todo es que fue la primera en pisar el “Strawberry Fields”. Y lo hizo el sábado siguiente al golpe de estado del 23F, cuando celebraba su primer aniversario, en una fiesta que se llamó “Cumpleaños en Libertad”, pero por aquel entonces la gente era muy moñas y se lo creían todo, mi abuela especialmente que no dejaba de berrear lo de paz y amor, pero –la buena señora– se había cargado a su segundo marido y a su yerno, mi padre, cocinando sopitas de leche con cabezas de cerillas.

domingo, 22 de abril de 2018

LAS DOS ESPAÑAS


Manolita tenía una risa contagiosa que alegraba los corazones, regocijaba las almas y espantaba a los pájaros. 

Era una mujer menuda por la que parecía que no pasaban los años. Lista y curiosa, había conseguido acabar una carrera universitaria, solamente para demostrarse a sí misma que era capaz de hacer algo que de jovencita le daba vértigo. Además, como esposa del alcalde, debía tener un mínimo de preparación y cultura y no hacer el ridículo en las reuniones del partido, en Madrid.

Domingo Esquinas, fue alcalde de mi pueblo durante muchísimos años. Cuando llegó la democracia se afilió a UCD, porque creyó que era el “menos malo”, ya que de la clase política se fiaba muy poco.


Había luchado en la Guerra Civil con los nacionales. No sabía muy bien porqué. El caso es que siendo apenas un mocoso se encontró con un Mauser a la espalda y enrolado en no sabía muy bien qué, junto a los hermanos de Manolita, sus amigos del alma, a los que fue viendo morir en el transcurso de la dichosa guerra.

lunes, 16 de abril de 2018

AQUELLA NIÑA QUE IBA A MI CLASE Y QUE APARECIÓ MUERTA...


Ese año solamente fui el fin de semana de las fiestas a mi pueblo, apenas los dos días grandes, y salí muy poco.

El Ayuntamiento había contratado a una banda bastante famosa, de las que salían en televisión y ese año hubo un espectáculo pirotécnico de aúpa. Domingo Esquinas hijo, se gastó más de lo que debía en esas fiestas, pero a nadie le pareció mal. Eran buenos tiempos, todavía no habíamos despertado de la resaca del año ’92, de la Expo, de los Juegos Olímpicos, el AVE… Ya no éramos los paletos de Europa que marchaban a buscarse la vida a Alemania o Suiza, con la maleta cerrada con cuerdas y un par de mudas. Ya jugábamos en primera división y aquella locura de nuevos ricos nos afectó a todos.

Hacía casi diez años que no desaparecía ninguna niña, ni en mi pueblo ni en los de los alrededores, lo que hizo que los asesinatos se recordasen como algo lejano que no nos incumbía. No se había encontrado al culpable, y los únicos que no se rendían eran la familia de Pascual, que de cuando en cuando escribía a los periódicos y llamaba a las radios para que el caso de su niña no se archivase y quedase en un amargo recuerdo sin autor que pagase por su crimen.

miércoles, 7 de marzo de 2018

#Huelga8deMarzo



Mi pareja falleció en accidente hace casi 20 años. Teníamos dos hijos (niño y niña) de 7 y 2 años y decidí que me quedaría en casa a cuidarlos, por lo menos hasta que fuesen un poco mayores. A los seis meses a mi madre le detectaron un cáncer mamario y a los pocos años a mi padre otro, de próstata.

Y durante mucho tiempo, como “estaba sola”, hombres que no me conocían de nada y hombres que me conocían mucho me acosaron, porque una tía que anda sola por el mundo está para “que le hagan un favor”…

Y durante mucho tiempo, como “estaba sola” hombres que no me conocían de nada y hombres que me conocían mucho me dijeron qué/cómo/cuándo tenía que vivir mi vida, sin que yo les preguntase, sin que a mi me interesase su opinión.

Porque he hecho lo que he querido/podido hacer. He vivido como he querido/podido, sin la necesidad de un hombre a mi lado. Y cuando un hombre está conmigo es porque los dos queremos estar juntos, sin nada que nos ate, por amor.

Por eso mañana haré huelga. Una huelga que nadie notará. Para que mi hija pueda elegir, pueda vivir libre, pueda trabajar y ganar lo mismo que sus compañeros hombres. Para que no tenga que salir a la calle, como sus abuelas, con un cartel que ponga: “Yo también soy adúltera”.


Porque esa lucha estaba ganada. Y no la vamos a perder otra vez.

sábado, 10 de junio de 2017

ADIÓS. AU REVOIR. GOOD BYE.


Me tomo un respiro.

Un blog es como un hijo tonto: te quita mucho tiempo, energía y da (a mí por lo menos) muy pocas alegrías.

Y luego es que hay que darle de comer a diario y —a día de hoy— tengo cosas más importantes que hacer.

Mi vena oenegera está en ese punto de que no da más de sí y necesito hacer otro tipo de cosas que ahora mismo me apetecen mucho más.

Siempre he dicho que un trabajo no lo es si no se paga. Y ya se ha acabado el tiempo en el que regalaba mi tiempo, mi energía y mis (pocos o muchos) conocimientos.

Seguiré haciendo algo por amor al arte, porque quiero, me apetece y para ayudar a algún buen amigo.

Por lo demás cierro un ciclo para comenzar otro. Espero, creo, que para bien.

En todo caso no cierro el blog. Ahí queda algo de lo que he escrito durante estos cinco años y de lo que me siento realmente orgullosa.

A más ver.



sábado, 8 de abril de 2017

LÁGRIMAS DE COCODRILO

Siempre había hecho lo que le había dado la gana. Nada más nacer se dio cuenta de que en cuanto abría la boca y berreaba, aunque fuese lo mínimo, alguien le sacaba de la cuna, le cambiaba el pañal, le daba de comer o le arrullaba.

Se crió entre algodones, hija de padres viejos, ocupó el lugar que había dejado su hermano, al que nunca conoció porque se había suicidado dos años antes de su nacimiento. No pudo soportar la presión de la escuela secundaria, las burlas de sus compañeros y algún que otro golpe o zancadilla en los pasillos del instituto.
Ella lo supo cuando cumplió trece años y encontró, de casualidad, un álbum de fotos, las notas del colegio y la carta de despedida de un hermano del que nadie, nunca le había hablado. Y aquello fue el detonante de su ira. No perdonó a sus padres que le hubiesen engañado, aunque ellos apelaban a su cordura intentando explicar que no había sido un engaño, sino la ocultación de una realidad que para ellos, era insoportable.
Pero no fue suficiente y la edad del pavo se convirtió en un melodrama, salpicado de broncas, gritos y lágrimas. Sobre todo lágrimas, porque cuando lloraba sus padres revoloteaban alrededor, como pollos sin cabeza, intentando calmar a su hija, que apuntaba maneras y estaban seguros de que un segundo suicidio acabaría con ellos.

miércoles, 5 de abril de 2017

ESCORIA, BASURA, DESECHO


“¡Tampoco es para tanto!”
Fue lo último que escuchó antes de pegar un portazo. El portazo que siempre quiso dar pero nunca se atrevió. El definitivo, el que cerraba una etapa de su vida pero que no sabía si abría otra, porque sí, su marido tenía razón, ¿a dónde vas a tu edad?
Pero se fue. Con lo puesto. Cogió el coche, lo único que le pertenecía solamente a ella y arrancó sin saber dónde ir.
Al amanecer divisó una playa. Se metió en el único hostal que había abierto en noviembre y se tumbó en la cama a pensar.

Había cumplido cincuenta y cuatro años. Tenía tres hijos. Los adoraba pero ya estaban encarrilados y nunca había tenido la sensación de que la necesitasen. Bueno, sí, para sentarse con ellos a hacer los deberes de pequeños, preparar los trabajos de sociales o redactar algo en inglés, sí. Había estudiado filología inglesa y no era maruja, maruja… o eso pensaba.

jueves, 16 de marzo de 2017

HOMOSEXUAL

Fue una liberación. Quería mucho, muchísimo a su madre. Pero su muerte, tras una larga y penosa enfermedad, no dejó de ser un alivio para él y sus hermanos.

Y eso que el que se había chupado ingresos hospitalarios, mañanas interminables de quimioterapia, consultas y pruebas, había sido él.

Con el mayor no podía contar para nada y el pequeño andaba a por uvas desde que hizo la primera comunión. De las cuñadas mejor no hablar.

Cuando murió su padre, unos pocos años antes, dejó para más adelante la mudanza a su nuevo apartamento, en el centro de Madrid, donde pensaba ir a vivir con su “amigo”, al que no había presentado —ni pensaba hacerlo— a su familia.

lunes, 30 de mayo de 2016

A TRAVÉS DEL UNIVERSO (J.M.Ferradas)




Hace más de dos años tuve el privilegio, con Julia Díaz-Agero, de presentar en este mismo sitio la primera novela de Ana Vázquez.

Aquella primera novela Yo nací en Yeserías, era –podríamos decir en el directo dialecto de Ana– como un primer polvo. Espontáneo, salvaje, vibrante, inexperto, dubitativo y nervioso. Muy nervioso. Pero impactante. Como cabe esperar de esa primera vez (recordáis) nos dejó la sensación de que había algo más grande y más jugoso tras aquellas primeras maniobras literarias.



Hoy presentamos su segundo libro. Y algo trae del anterior. Algún nombre. Alguna prehistoria. Algún duende. Pero ahora, Ana si hace el amor. Sabe dónde le gusta y cómo. Conoce bien las distancias y los tiempos. Hace el amor con las letras y las abraza en nudos que nos hacen sudar entre las risas y las lágrimas. Entre las dudas y los miedos. Y nos saca esa mirada cómplice que cruzamos con quien nos hace vivir esos momentos. Da pausas necesarias entre los fervores del desasosiego y la pasión. Y pinta cada segundo con la tensión del siguiente. Sabiendo que llegará pero cuando sea su momento. Y lo buscamos.



Vayamos al principio… y como la casualidad no existe… apareció de casualidad su título. A través del universo (Jai guru deva, om). “Across the universe”. Qué casualidad… para una beatlemaníaca como Ana nada tan próximo como los primeros renglones de esta canción inmensa, que dicen así: “Las palabras fluyen como lluvia infinita en un vaso de papel”. Y es con ellas con las que nos transporta en una sucesión de feedbacks a la realidad cotidiana de unos personajes tan veraces que no llamarían nuestra atención si no conocemos sus adentros. Cuán creíble es la vida que duerme escondida tras la aparente normalidad de su fachada. Tal vez la de tu vecino. Tal vez la tuya.







A través del universo es una historia de amor. Una preciosa historia del amor más puro y limpio. El más brutal. El único eterno. El de la amistad.

Ese que nos haría dormir entre las sábanas del infierno antes que perder su calor por los filos de las dudas. Es el amor que se regalan dos mujeres, Elena y Jimena, dos amigas que aman a los hombres y les sufren. Y les gozan. Y les arrebatan el espacio para entregarse, a muerte, mientras aprenden a ser ellas mismas. Comparten sus amigos, sus vivencias, sus temores y sus recuerdos. Todo aquello que hace que solo retires la mirada cuando mientes.



Pero entre las líneas de este libro surge una pequeña sonata medio dormida que se convierte en mantra. Un mínimo rugido que se nos pega al corazón como una losa. Es la voz de la soledad. Porque cada letra lleva en su tinta el olor de la soledad. Es una novela sobre el amor en soledad. Sobre la vida en soledad. Soledad compartida. A veces pretendida. A veces tan dolorosa… Miraros dentro, donde duele, y veréis brotar ese sonido en tantos momentos… Pues Ana nos hace partícipes de cómo se puede ser feliz con la soledad por aliada.



Trasiega los vinos más ásperos que cosechaban las familias en un entorno singular. Los odios y las vergüenzas de quienes viven de aparentar. Aquellos que consienten el escarnio ajeno mientras no se les haga participes de su miseria. Nos demuestra que la huida no es el camino entre las manos firmes de estas dos mujeres tan dispares. Tan diferentes en lo físico como en sus actitudes. Tan lejanas y tan próximas que solo una línea mínima separa sus estadios y que ellas saben saltar con la soltura de un acróbata. La fuerza que solo una mirada puede ejercer en quien la recibe.



El gran acierto de que ambas mujeres sean narradoras en paralelo, su visión en dos mitades, hace de la repetición un lujo en sus detalles. Un mismo suceso desde dos perspectivas que convergen en las sombras pero, como en un perfecto estéreo, se completa la sinfonía.

Acostumbramos a creer lo que vemos pero, con frecuencia, fallamos. Elena y Jimena nos cuentan una sola historia pero con distinto punto de observación, lo que nos muestra que la realidad nunca es tal para solo unos ojos.



Con total seguridad caeréis en la curiosa ilusión de sentiros más que presentes en alguno de sus personajes. Tal vez en varios de ellos. Pero no. No intentéis buscaros. Todos estamos en esta novela. Todos formamos parte de ella pero no somos ninguno. Somos su tiempo. Sus distancias. Somos parte de esa vida pero no somos ellos. Ana juega con el sortilegio primario que una novela debe practicar con dedos sutiles. Pare tan real porque todo es real en esta ficción.

Tan real como el garito de Jimena. El “Strawberry Fields”. Mi “Blackbird”. Esa gran plaza donde convergen personas y almas, no siempre por ese orden. Y podremos decir: “yo me bebí ese bar imaginario con toda esa gente inventada, yo fui testigo de aquel momento inexistente, y de otros que si lo fueron. Yo estuve allí.”.



En algunos momentos se deja deslizar por las laderas de Yesterday, flor de la melancolía, y hace un pequeño guiño a la nostalgia. A lo que se nos queda atrás sin remedio. Aquellos momentos mágicos que anidan en nuestro maldito cerebro. Esa parte del cerebro que nace con nosotros para cobijar el dolor de la pérdida. Y llora aquella infancia que se durmió en una fiesta desgraciada. Se retuerce por la sinrazón de la maternidad no deseada. Y se desangra, conociendo cómo una mujer puede amar a un hombre pero no quererle.



En otros juega a misterio y nos levanta una herida, una pequeña ironía que pasa como un anónimo haciendo del lector un cómplice en la investigación de un suceso. Intermitente Guadiana que aparece tras la esquina menos esperada y nos pone en guardia de nuevo. Luego se duerme. Creemos olvidarla y ¡zas! Reaparece ante nosotros con una pincelada de recuerdo. Pensamos que la tenemos, cuando… de nuevo se desvanece. Y no es hasta su momento. Su segundo, cuando acertamos a desvelar el misterio. O no…



Si echar de menos es delito yo me declaro culpable, parecen decir algunos de sus personajes mientras recorren todo el espacio que dista entre un Valladolid casi preincaico en la historia moderna española, con su marginalidad provinciana agarrada hasta el dolor del alma. Preñada de prejuicios vanos sobre algo tan real e imprevisible como las maledicencias y los sueños que las crean, y este Madrid libertario de los años movidos. De la movida que todos magnificamos con los años. De aquellos momentos que cambiaron la historia mientras las historias permanecían fieles a su sino. Nada era tan real como la imaginación que las forjaba.



Ana conoce bien a las mujeres. De hecho, ella es una mujer. Muy mujer. Pese a que, en algunos instantes, abre su boca de trueno y nos despista con los contubernios propios de sus lamentos. Algo que nos hace pensar que no existe el sexo en la verdad. Que la vida solo camina en un sentido. Y nos fusila a la cara las quejas infinitas sobre las situación inviables que algunas soportan mientras el mundo gira, cínicamente impasible. Bucea entre sus playas arañando hasta el límite cada una de las huellas que marcan sus sentimientos. Es una novela contada por mujeres. Desde un ángulo drásticamente femenino pero con la mirada abierta a los ángulos más sorprendentes de las reacciones de los hombres que en ella participan. Y los conoce. Y los intuye. Y los dibuja con tal brillantez que solo me consuela pensar que no yo jugaba esa partida.



Es, al cabo, la historia de una historia común. Con todo lo sorprendente que las historias comunes pueden ocultar tras las bambalinas de ese teatro inmenso que es vivir. Pero la presenta con tal sutileza que nos obliga a recoger las velas, rizarlas en torno a nuestra vivencia y recordar, siempre recordar, que nada es cómo queremos. Solo como acontece.



En un libro de lectura deliciosa y apasionada. Pero mantiene siempre una alarma encendida que nos previene de no olvidar cuánto daño hacemos con los silencios cómplices. Con las omisiones de manifestar lo que sentimos. Es una invitación a la vida y a beberte, sorbo a sorbo, cada pequeña porción de irrealidad que roce vuestra mirada, negro sobre blanco. Con una frase final tan creativamente radical que, a veces, sueño con escribirla en un espejo y vivir de su reflejo.



Y sabéis que os está esperando. No lleguéis tarde a esa cita.



Presentación “A través del Universo” por José Manuel Ferradas. Sala Reciclaje 27/05/2016





domingo, 15 de mayo de 2016

A TRAVÉS DEL UNIVERSO








En “A través del Universo (Jai guru deva, om)” se dan cita hechos históricos, vividos e inventados, de la España de la dictadura, con fogonazos de recuerdos de la Guerra Civil y la posguerra; de “aquellos maravillosos ochenta” de “La Movida Madrileña” que hacía enloquecer, con su música y su marcha, y donde el que no estaba colocado, se tenía que colocar. Hasta la realidad de hoy, con su crisis incluida.

Ana Vázquez nos adentra de manera inteligente y amena en una reflexión sobre la muerte, la enfermedad, la maternidad impuesta y, sobre todo, con la música que acompaña siempre a la novela nos ofrece un canto a la dignidad y a la esperanza.

https://editorialamarante.es/libros/novela/a-traves-del-universo





lunes, 9 de mayo de 2016

CONCIENCIA DE CLASE

Nos vendieron que podíamos ser banqueros, propietarios, jugadores de bolsa, inversores… Y nos lo tragamos.

Jugaron con los ahorros de nuestros padres, con nuestras futuras jubilaciones, con el Euribor más el 1%, qué chollo, pero si es más caro alquilar que comprar... además una casita con jardincito en las afueras se revalorizará por los siglos de los siglos… Amén...

Y luego vino lo de que “si todos son iguales, yo no voto” o “por lo menos que me roben los míos”…

Y la semana de ocho horas, la indemnización por despido, el poder tener una cuenta corriente a tu nombre siendo mujer, que eso es otra… todos esos derechos conseguidos a fuerza de huelgas y muertos, que pensábamos que como eran adquiridos nadie nos los iba a quitar…

Nos creímos banqueros, propietarios, inversores, navegantes, conductores de coches de lujo… y perdimos la conciencia de clase.

Porque, y no nos engañemos, somos trabajadores, obreros, asalariados, operarios, proletarios... Y nos están comiendo los hígados, enriqueciéndose a nuestra costa y dejándonos con el culo al aire.

Pero total… si son todos iguales.

viernes, 6 de mayo de 2016

ANA GÓMEZ

Pasé mis primeros años con mi madre en la cárcel.
Lo recuerdo —muy vagamente— como un tiempo feliz, yo no tengo conciencia de haber sufrido mientras estuve con ella y lo que sí tengo presente es cuando me mandaron a casa, lejos de mi madre, de los berrinches nocturnos y de las noches en blanco que pasaba mi hermana intentando consolarme, porque yo no hacía otra cosa que llamar desesperadamente a mi mamá. Ángela me contó que tuvieron que dejar de llevarme a las comunicaciones en Yeserías, porque montaba tales cirios a la salida de la prisión que todos, funcionarias, guardias y familiares de presas, salían con el corazón encogido y los ojos húmedos de oírme berrear.
Supongo que tal vez por ese motivo ensanché los pulmones y ahora me dedico a cantar, en tugurios de mala muerte, los fines de semana.

martes, 8 de marzo de 2016

Yo también nací en Yeserías


 Yo también nací en Yeserías.

Pero mi madre si era una asesina. O por lo menos cumplió condena por eso, por envenenar a mi padre, un sargento de la guardia civil que no dejó de maltratarla desde el día de su boda.
En realidad la que echaba cabezas de cerillas en las sopas de leche era mi abuela Críspula, a la que —dicen— yo me parezco muchísimo. Pero por jugadas del destino, por vete a saber qué, la que se chupó años de cárcel fue mi madre, que por aquel entonces estaba embarazada de mí.
Soy la pequeña de seis hermanos. Los dos mayores Ángela y Mariano se dedicaron en cuerpo y alma a cuidar al resto cuando mi madre estuvo en prisión.

Dicen que cuando nací berreaba con un chorro de voz (así que me dedico a cantar en tugurios de mala muerte los fines de semana que libro en el cuartito de costura de mi madre) y que era la más guapa de los hermanos. Que tampoco hay que correr mucho, porque son tirando a feos, qué coño tirando, son muy feos. 
Ángela es igual que mi madre, pequeñita y de cara redonda. De jovencita era graciosa, pero con los años está más arrugada que una uva pasa y es muy poca cosa, en lo físico. Porque luego es que resuelta que la tía es un portento. Es abogada y trabaja en su propio bufete, asociada con Alejandra García de la Fuente Gustafsson, la famosa abogada feminista. Bueno feministas son las dos, porque llevan algunos casos de mujeres maltratadas por amor al arte. Y en eso sí que tuvo que ver que mi abuela, que se metió en una asociación después de la entrevista en “El País Semanal” tras la puesta en libertad de mi madre.

Que eso es otra, menudo revuelo en el pueblo. Mi abuela se hizo famosa y hasta rodaron una película con su historia y la de mi madre y sus colegas del talego, que menuda pandillita… a mí, muchas veces me da vergüenza de mi familia y me hubiese gustado ser normal. Pero no lo soy. Estoy buena y soy pobre y eso, en un pueblo de mierda como el mío, solamente te trae problemas.



lunes, 7 de marzo de 2016

DEBORAHLIBROS




Mi madre siempre me dijo que no hablase con extraños. Y hasta en eso se equivocaba, la pobre.

Este fin de semana, por fin, he conocido a mi “amiga virtual”.
Había ganas.
Katixa me descubrió por un “tuit cabreado”, como ella misma escribe en su blog. Un blog donde reseña lo que quiere y le gusta, porque es libre como el sol cuando amanece y –claro- ya solo por eso nos teníamos que llevar bien.

Pero es que ahora ha abierto una librería en Pamplona.
¡Una librería!
Y lo primero que hizo fue encargarme unos cuantos libricos que va y vende. Y cuando graban un vídeo para una televisión navarra salen “las Yeserías” de fondo. Y una, que por no tener ya no tiene ni edad de merecer (ya sé que lo decía Sabina) se esponja y le manda el enlace a familiares y amigos, ¿lo veis? Pero nadie es profeta en su tierra.

DEBORAHLIBROS es su librería. Cuando os paséis por Pamplona debéis visitarla (luego ya os vais de pintxos por San Nicolás y Estafeta), porque Katixa es librera de las de verdad. De las que saben de lo que hablan, venden y recomiendan. De las que han leído todo lo leíble e incluso lo infumable, pero ella va y lo dice. No se vende, no utiliza su blog para hacer de community manager de editoriales grandes o poderosas, para bailar el agua o para que le regalen ejemplares por “la face”. Porque puede y quiere. Y a mí me encanta. Y deberíais ver cómo coge un libro, con mimo, cómo lo toca, cómo lo coloca en su estantería… Eso es amor.

Y cuando la vi me recordó a mi Elena Ayllón (la protagonista de mi segunda novela), que también tiene una librería, Penny Lane, en el barrio de Malasaña.
Y que conste que cuando lo escribí ni conocía a Katixa personalmente, ni tenía ni puñetera idea de que iba a abrir DEBORAHLIBROS. 

Cosas veredes…














miércoles, 24 de febrero de 2016

Cuentacuentos en Sala Reciclaje


Nuestro más sincero agradecimiento a Carlos Roldán, que nos estuvo "disparando" toda la velada.
http://www.oharephotography.es/Readings.html

lunes, 1 de febrero de 2016

CUÉNTAME UN CUENTO

El próximo 19 de febrero, a las 21:30 José Manuel Ferradas y yo leeremos textos propios en SALA RECICLAJE, C/Carlos Martínez, 8.Guadarrama (Madrid). Estáis invitados.



martes, 5 de enero de 2016

PENNY LANE


Te pones a escribir y, aunque no quieras, aunque intentes por todos los medios que no sea así, se te escapa algo, te retratas.
Elena Ayllón tenía una librería en el barrio de Malasaña. Y Jimena García de la Fuente un bar de copas y sala de conciertos en el de Prosperidad.
Y las dos se plantean sus negocios como una extensión de ellas mismas, pretenden hacer, contratar y vender lo que a ellas les gustaría ver, comprar o escuchar.
Y, por supuesto, no se hacen ricas, que es que tampoco hacía falta.
Y, por supuesto, yo me muero de envidia.

El pasado 16 de diciembre Katixa abrió su librería en Pamplona.
Se llama, como su "alter ego", DEBORAHLIBROS y, por supuesto que yo muero... de felicidad y también, pero solo un poquito, de envidia.

(Nena, he pillado una foto tuya del Face, espero que se pueda.)

jueves, 24 de septiembre de 2015

DON GARIGRAN


Ignacio Urrutia era el hombre más guapo que jamás habían visto las calles de Vega de Tajo.

Llegó una brumosa mañana de octubre, con su maletita de cartón, sus dos mudas de ropa y con la extraña idea de pasar desapercibido en un pueblo, donde los pecados de su antecesor no iban a dejar de pasarle factura, antes o después.

Yo le conocí el domingo, en misa de doce, a la que nos obligaba a ir mi abuela. Era roja y atea pero decía que tal y como andaba el mundo lo mejor que podíamos hacer era no rechistar y nadar a favor de la corriente, porque, antes o después, Paca la Culona moriría y llegaría a España la democracia y la libertad, a pesar de Juanito el Breve. Era muy lista mi abuela y a veces parecía un augur de la antigua roma, de las que veríamos, años después, en “Yo, Claudio”, pero casi siempre se equivocaba en sus predicciones.

Mi hermana mayor, Ángela, se puso muy nerviosita cuando vio a don Ignacio y cuchicheó con una risita ahogada lo mucho que se parecía a Cary Grant, pero ella lo llamaba Gary, porque no leía revistas ni sabía nada del mundo, la pobre, todo el día trabajando en casa del alcalde y por las noches estudiando para sacar el bachiller. El caso es que desde ese primer día le comenzamos a llama don Garigran y con ese mote se quedó de por vida.

domingo, 6 de septiembre de 2015

JAI GURU DEVA, OM



"Jai Guru Deva, Om" está inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual con el nº M-005829/2015

Elena Ayllón fue uno de los personajes secundarios de mi primera novela YO NACÍ EN YESERÍAS.
Elena y Jimena, hacen su primera aparición allí y, ahora, se convierten en las protagonistas de esta historia, que cuenta la vida de la primera.

YO NACÍ EN YESERÍAS, fue una novela coral, una especie de introducción, donde algunos personajes van a convertirse en protagonistas de sus propias historias.

Elena Ayllón es una mujer vallisoletana, hija de uno de los empresarios más importantes de vinos de esa zona.
Nacida en los sesenta, su historia va siendo relatada por ella misma y por su amiga Jimena García de la Fuente, hija de un juez, que también vivió sus primeros años en Valladolid.

Elena crece en la España franquista, a la vera de una familia afín al régimen, pero que paulatinamente va tomando conciencia de la realidad de su país, por obra y gracia de su amigo José Luis Suárez, hijo de caciques, rojo convencido y el primer gran amor de su vida, que despierta su pasión por la literatura y la libertad.

En los ochenta conoce, en Madrid, a su amiga del alma, Jimena, la dueña del pub Strawberry Fields y desde entonces sus vidas van a ir enlazadas en las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad…

En JAI GURU DEVA, OM se dan cita hechos históricos, vividos e inventados, de la España de la dictadura, con fogonazos de recuerdos de la guerra civil y la posguerra. De “aquellos maravillosos ochenta” donde La Movida Madrileña nos hacía enloquecer, con su música y su marcha, donde el que no estaba colocado, se tenía que colocar. Hasta la realidad de hoy, con su crisis incluida.

Elena y Jimena, cuentan sus historias, a veces tristes, a veces no, paralelas a la historia de este país.

(Cada capítulo es el título de una canción de LOS BEATLES, porque el Strawberry Fields no podría ser lo que es, ha sido y será, sin ellos. Y JAI GURU DEVA, OM es el mantra indio que se recita una y otra vez en ACROSS THE UNIVERSE:

 “Jai Guru Deva, om… 
Nothing’s gonna change my World”

lunes, 27 de abril de 2015

DIEZ COSAS QUE NO DEBES HACER EN FACEBOOK

Cuando lo leí, yo, evidentemente, incumplía las diez normas sagradas. Las redes sociales, por definición, no son otra cosa que un enaltecimiento del ego, que como concepto está bien, lo malo es cuando alcanza límites similares a los cojones de Kin-Kong, entonces es cuando hay que mirárselo.

¿Pero qué tiene de malo poner en un página que es tuya, solo tuya y de nadie más, una foto de perfil de hace diez años, un retrato de tu gato, perro, conejo o niño en edad de guardería? ¿Por qué ese afán de dirigirlo todo? ¿Porque si no te bloquean, rechazan o incluso reportan de tu comportamiento indigno de una señorita? Porque sí... Facebook está lleno de chivatos, acusicas, que en cuanto ven teta o pelo de coño se alteran y mandan quejas, no sé muy bien a qué o quién, pero lo hacen, doy fe... ¡Pues que se piren!  Porque se supone que en las redes sociales quien más quien menos sabe algo de tí, ha mirado tu perfil o te conoce, por ese motivo pide tu amistad. Una servidora, que come de todo, incluye a casi todo el mundo. Y digo casi porque los dos últimos me salieron rana. ¡Niñas huid de machotes que en su biografía lo único que hacen es cambiar su foto de perfil! Y si hay alguna en calzoncillos o pegando tiritos en Kabul ¡Escondeos!

lunes, 23 de febrero de 2015

CUQUI SARASOLA

Mi amiga Cuqui Sarasola era la pija más pija de todo el barrio de Argüelles. A mí, que no tenía amigas, me repateaba bastante. Pero como nuestros padres eran colegas, no nos quedó más remedio que aceptarnos.
Coincidíamos en los cumpleaños de las niñas bien del cole, las Concepcionistas de la calle Princesa, y al final, en la adolescencia, acabamos por ser amigas.
Ella era muy guapa, alta y rubia —como yo— pero con mucho mejor tipo, más simpática y con un aplomo y seguridad en sí misma del que yo carecía.
Siempre fui de una timidez enfermiza, me acomplejaba mi altura, mi tipo y mi segundo apellido sueco.

Cuqui se casó, en los ochenta, con el hijo de un político. Tan alto, tan guapo y tan pijo como ella. Mi amiga había estudiado derecho en el CEU, siete años para acabar una carrera de cinco, pero como ella decía, "tengo el título, nadie me pregunta cuánto he tardado en sacarlo" y su papá, que era magistrado del Tribunal Supremo, la colocó en un despacho donde lo único que tenía que hacer era respetar el horario y acudir a las reuniones semanales, sin hablar mucho.