jueves, 23 de febrero de 2012

Qué alegría... Estar.



Estaba viendo la gala de los Goya, cuando apareció Silvia Abascal y dijo lo de : "Qué alegría ... Estar ...".
Yo no sabía que había sufrido un ictus, del que se ha recuperado.

Me emocioné.  Pero no por ella, que está. Sino por quién ya hace mucho que nos dejó, siendo tan jóven, con tantas cosas que hacer, y marcando un antes y un después desde su marcha.

Morir joven es una putada. Y también lo es para el que se queda. Nunca se esta preparado para perder a un ser querido, pero cuando es de repente y en lo mejor de la vida parece que el mundo cambia de color. Todos los días son grises, todos los días hace frío. Ese frío que te invadió el día que te dieron la noticia, porque, sí, la sangre se congela en la venas, se queda ahí, helada. No puedes respirar, no puedes dormir, no quieres vivir ...

Luego pasan los días, las semanas, los meses, los años... Te vas acostumbrando. Pasas de la tristeza a la rabia. De la rabia a la tristeza. Vas asumiendo que estas sola, solísima y el tiempo, que no borra nada, te ayuda a vivir con eso.

Y, con el tiempo, llega alguien a tu vida y vuelves a sonreir.

Miguel, mi amigo, mi compañero, mi amor, murió en un accidente de carretera con 34 años. El día 18 hubiese cumplido 47. Desde entonces, muchas veces, he tenido ganas de salir a la calle y gritar. Gritar como las locas hasta quedarme sin voz. Pero me ha podido el pudor.

Esto, quizás, sea otra manera de gritar y que todo el mundo lo oiga.